Era un 4 de Febrero, y el frío invernal aún pegaba sus
últimos coletazos, cuando él salió de su casa para no volver nunca más.
Nuestro chico se llama Javier, Javi para los más allegados,
tenía 21 años recién estrenados y se encontraba en su tercer y último año de
carrera...
Todo estaba tranquilo, y nada parecía presagiar que iba a
ocurrir nada fuera de lo común aquel día, pero el destino se encaprichó de
aquel chico joven, de baja estatura y de aspecto desaliñado. Fue salir de casa,
y encontrarse a quien hacia años que no veía, su antigua novia del instituto.
Apenas se miraron de reojo, se reconocieron, pero no se saludaron, después de
tanto tiempo, puede que no tuviese mucho sentido…
Siguió su camino hacia el supermercado, 15 minutos andando
que se le hacían eternos cada día.
El supermercado estaba situado justo enfrente de la estación
de tren y, aunque era de reciente construcción, ya había causado furor por la
zona y las colas en las cajas eran más grandes de lo habitual. Javi nunca había
entendido esto, tenía los mismos productos que las demás tiendas de la zona,
los mismos precios, y la misma distribución de los productos… sería imposible
distinguirlo de cualquier otro, sin embargo, estaba siempre a rebosar, mientras
los demás tenían la misma y escasa clientela de siempre desde que abrió el
nuevo.
Caminando por la acera, alguien le llamó la atención desde
atrás, un hombre de unos 45 años y de extraño aspecto le pidió 20 céntimos para
comprar leche, Javi, que siempre había sido bastante generoso, no sólo le dio
los 20 céntimos, si no que le dio 50.
Realmente, no creía que aquél hombre fuese a comprar leche,
por su aspecto, quizás era más probable que fuese a comprar un cartón de vino.
Pronto lo iba a comprobar, ya dentro del supermercado puedo
ver a ese hombre comprando leche, se sorprendió aún más cuando vio que el
hombre no iba sólo, si no que llevaba consigo a un octogenario de un aspecto
aún más desaliñado. Se cruzó con el hombre y su acompañante, pero no le saludo,
quizás por la propia vergüenza de haber tenido que pedir el dinero.
Lechuga, Tomates, Naranja, Refresco, Jamón y algunos
congelados, tras cogerlo todo, se fue directo a la caja y pagó. Salió del
supermercado, y de nuevo 15 minutos de vuelta a casa.
O al menos eso esperaba, seguir la rutina de cada día, sin
embargo, aquel día era especial, era quizás, el primer día de su nueva vida.
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